Sobre Fiebre de vivir y Moris

Nunca vi en vivo a Moris. Y es una pena, la verdad. Para la época en que pude discriminar qué música había sido compuesta y cantada para mí, en los ochentas, yo escuchaba el rock nacional contemporáneo. Iba a ver bastante seguido a Calamaro y no es un detalle menor. El Calamaro solista de Por Mirarte y Nadie sale vivo de aquí. Después de algún tiempo descubrí que Ariel Rot, que tocaba con Andrés en su banda argentina antes de que se fueran a España a probar como Rodriguez, había tocado y grabado con Moris entre el 76 y el 78 allá en Madrid. Toda una revelación. 

 Yo conocía los primeros temas de Moris, fundacionales del rock argentino, como Pato trabaja en una carnicería, Ayer nomás, El Oso y Rebelde, pero ahí quedaba todo mi saber, truncado por el exilio de Moris en el 76. Luego de que una bomba explotara en el teatro donde tenía que tocar, y después de que Facundo Cabral le recomendara irse a Madrid, donde había un local dispuesto a hacerle un lugar en el escenario, Moris no dudó. Se fue con esposa y dos hijos a empezar una nueva vida en Madrid con 34 años. 

 La situación política y social en el país hacía muy difícil la exposición de los artistas que reflejaban la vida diaria en su arte. Ya lo expresaba el periodista Miguel Grinberg en Prensario (Nº 45) “El círculo vicioso imperante no desanima a los artistas nuevos, si bien los jóvenes “veteranos” van probando la salida al exterior, ya que las fuentes de trabajo en el país son escasas. Así están Aquelarre y Moris en España; así están en Francia con Astor Piazzolla los tecladistas Gustavo Beytelman y Osvalo Caló, junto con el guitarrista Tomás Gubitsch; así ha viajado Crucis a los Estados Unidos; así se fueron Los Jaivas a Europa… y la lista se engrosa día tras día, sin olvidar a Edelmiro Molinari, Javier Martínez, Claudio Gabis y otros pioneros”. Evidentemente, mal de muchos por entonces….

 Cuando llegó a Madrid, Moris empezó a tocar por las noches en el local El Poncho, un bar de striptease, y durante el día caminaba las calles, lo cual le daba letra para escribir las canciones que pronto se le fueron acumulando. Muchas de las canciones que irían a parar a su primer disco madrileño fueron escritas en esos días de bares, caminatas y bohemias noches. 

 Ya instalado, formó parte de la movida underground, denominada “el rollo” y tocó en discotecas y en colegios mayores, donde compartió tablas con Tequila, banda de rock pionera que contaba en sus filas con los argentinos Ariel Rot y Alejo Stivel. 

 Cuentan los que lo vieron en la capital española, que en esas primeras fechas ya interpretaba rock en castellano y que cantaba sus propias canciones. Dicen que hasta una de las pocas bandas que tocaban rock en esos días, Burning, pasó de cantar en inglés al castellano después de escuchar a Moris. 

 El periodista Vicente Mariscal Romero había creado un nuevo sello discográfico al que denominó Chapa y fichó a Moris para grabar sus canciones. 

 Y como las casualidades también son causalidades, la banda que acompañaría a Moris en sus registros sería Tequila. Rot y Stivel estaban maravillados de poder grabar con su héroe de juventud. Ensayaron una semana los doce temas que irían a formar parte del disco, con Moris y Ariel tocando guitarras, Manolo Iglesias la batería, y Felipe Lipe el bajo. Stivel y Julian Infante se encargaron de los coros. 

 Entraron a grabar un 30 de abril del 78 en los estudios Audiofilm y en cuatro días tenían cocinada la Fiebre de vivir. Los doce temas que fueron una bisagra en la música rock en España se registraron espontáneamente, con el grupo tocando en vivo y pocas sobregrabaciones. Moris lo tenía todo en la cabeza. Y en el cuaderno mágico que guardaba celosamente desde que aterrizó en Barajas. 

 Siempre digo que hay pocos músicos que registraron la ciudad como Moris. Para mí, es una cruza entre rockero y tanguero y esa mezcla la trasladó a Madrid. No conozco compositor que le cantara a Madrid como Moris en “Nocturno de Princesa”, “Balada de Madrid” o “Sábado noche” por citar solo algunas de las perlas que brillan en el disco. Y si yo fuese madrileño, me encantaría tener un poeta que me descubriera mi ciudad como él lo hizo. Pero bastante hizo por Buenos Aires, así que no debo quejarme en vano. 

 Fiebre de Vivir está disponible en las pocas disquerías que quedan en el país en su reedición de 2008. No se queden con las ganas, vale la pena hacerse de un ejemplar histórico. 

 Mas sobre Fiebre de vivir en el programa 14 de Pintura para Camaleones: https://www.mixcloud.com/robertolagomarsino12/ppc-14-2020/

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